Los dientes y la historia

La historia de la alimentación es muy larga y diversa. Y la alimentación, la salud y la enfermedad son probablemente los únicos elementos que reducen al humano a lo mismo: a una especie que lucha por su supervivencia.
Para hablar de los dientes y la historia no podemos hablar de períodos, ya que los períodos aparecen en lugares y momentos distintos.
En este artículo queremos hablar de los hábitos alimenticios y lo que nos dicen los dientes sobre nuestra evolución. Y sobre todo, podemos hacernos una idea de qué podemos hacer para cuidarlos lo más posible.

¿Qué es la microbiota?

La boca es un sistema muy expuesto y con funciones tan diversas como importantes: respirar, morder, masticar, hablar, y sonreir. Al estar en contacto con comida, líquidos y el propio aire, necesita estar protegida por una microbiota muy diversa: un conjunto de comunidades de bacterias, virus, arques y protozoos se encargan de mantener el equilibrio de un ecosistema que está en permanente interacción con el medio ambiente.

Esos microbios ayudan a descomponer los alimentos durante la masticación y a mantener la hidratación en la respiración, el habla y la alimentación. Su equilibrio es único en cada persona, según su genética, el medio y sus hábitos.

Destacan dos bacterias:

      • Streptococcus mutens: Presente naturalmente en los dientes, es inofensiva y protege los dientes contra los residuos externos. Esta bacteria se alimenta de los azúcares que ingerimos y libera sarro, que altera el PH de la boca.
        Un consumo elevado de azúcares y/o una higiene insuficiente debilitan la bacteria en algunos puntos, provocando las caries.
      • Porphyromonas gingivalis: Esta bacteria es la principal responsable de las enfermedades periodontales, con unos efectos demostrados y de un alcance todavía por descubrir: Cuando la placa se acumula en los espacios interdentales, termina filtrándose por debajo de las encías y entrando en el torrente sanguíneo. Y este proceso se ha comprobado causante de enfermedades hepáticas, coronarias o la diabetes.

Cambios y adaptación

  • El genetista neozelandés Dr. Alan J. Cooper, recién caído en desgracia docente, es uno de los que ha confirmado la relación entre la microbiota y los cambios en la alimentación.

A lo largo de la historia el cuerpo ha tenido que adaptarse a diversos cambios biológicos, ambientales y culturales. Cambios que en ocasiones requieren nuevas adaptaciones de las que puede depender la supervivencia. Por ejemplo, la microbiota.

Cazadores y recolectores

El Paleolítico es un período largo, de casi 3 millones de años, y que incluye a todas las especies del género Homo. El Homo Sapiens Sapiens es la última, y es la que inició el Neolítico, convirtiéndose en granjero y agricultor.

Se sabe que el Homo Erectus cazaba. Y, de hecho, el Homo Erectus hizo el primer uso conocido del fuego.

¿Casualidad?

Su dieta pasó a componerse de los animales que cazaba y los frutos que recolectaba, sin que existiera la posibilidad de pensar en acumulación. Comían lo que encontraban, y cambiaban de lugar cuando agotaban los recursos de una zona. Eran nómadas y su alimentación se componía mayoritariamente de proteínas. No era constante ni ordenada, especialmente si tenemos en cuenta glaciaciones y migraciones.

La ausencia de hábitos higiénicos hacía que perdieran progresivamente los dientes definitivos, y que salieran las muelas del juicio para garantizar unos años más de alimentación.

      • Entre un 60% y un 90% sufría la pérdida de dientes (si no moría por otras causas antes).
      • De un 5% a un 20% de enfermedades periodontales.

Agricultura y ganadería

La revolución neolítica empieza de forma desigual en muchas regiones. Algunos hablan del año 10000 AC y otros del 5000 AC. En este período, se produce la domesticación de algunas especies animales y vegetales, cosa que cambiaría radicalmente la alimentación y permitiría levantar grandes imperios y monumentos.

La agricultura y la ganadería permitían producir grandes cantidades de granos y cereal, y así alimentar a una población cada vez más grande, o acumularlos para asegurar provisiones. El problema es que toda la producción alimentaria se concentraba en ellos, y solo unos pocos privilegiados tenían acceso a la carne. El resultado: una población muy mal alimentada.

Los registros dentales de la época muestran un consumo casi total de vegetales y cereales. El humano se hizo granjero, y sus dientes estaban aplanados uniformemente, en larga convivencia con las caries y la pérdida de dentición.
El consumo de hidratos de carbono hace proliferar la bacteria Perphyromonas gingivalis, la más destacada causante de las enfermedades periodontales.

Era industrial

Probablemente el cambio más significativo al que se enfrenta el humano. Los avances y descubrimientos de la Segunda Revolución Industrial sirvieron, entre muchas cosas, para que las personas tuvieran acceso a bienes producidos en masa. La electricidad y las conservas permitieron diversificar la alimentación, y paralelamente empieza a extenderse la higiene dental, normalmente en sectores acomodados de la sociedad.

La concentración de personas en grandes ciudades hace más fácil organizarlas y alimentarlas, y el procesamiento de alimentos se vuelve lo suficientemente fácil y barato, especialmente en el uso de materias como la harina y el azúcar. El peso que han ganado en nuestra vida es tal, que están en muchos alimentos sin que lo sepamos.

Sí, tenemos una dieta más variada, pero es fácil adquirir productos procesados, ricos en azúcares y harinas (que el cuerpo asimila como glucosa).

¿Qué nos enseña la historia?

Los estudios de ADN han permitido relacionar el paso a la agricultura se con un incremento de esta bacteria, que alcanza su máximo en la era industrial.

Solo basta una mirada a la alimentación actual para ver que está basada en los hidratos de carbono y con un altísimo consumo de azúcar. Muchas veces, entre comidas.

El azúcar es especialmente nocivo para los dientes porque altera el equilibrio bacteriano de la boca. Y además, cuanto más tiempo dura la acción del azúcar ( hasta el siguiente cepillado) mayor es su acumulación, y más difícil es detener su avance.

En resumen

  • La comida ya no es un hecho social. Hoy, comemos rápido, solos, y muchas veces de forma desbalanceada. Predominan los hidratos de carbono y los azúcares, provocando desequilibrios sostenidos en la microbiota.
  • Los ritmos acelerados hacen que descuidemos la higiene, en tiempo y en profundidad, lo que da más espacio para la aparición de enfermedades periodontales.
  • La filtración de estas bacterias por debajo de las encías permite que el sistema inmunológico se acostumbre a ellas, y pierda así la capacidad de luchar contra ellas y contra las enfermedades que generan.

Los equilibrios microbióticos también son el resultado de una larga evolución y una compleja interacción. El cuerpo humano ha visto en los últimos 100 años más cambios que en toda su historia. Cambios en la alimentación que superan su capacidad de adaptarse a ellos. Y el aumento de las enfermedades periodontales es una prueba de ello.

La Clínica Arte Sano tiene en cuenta todos estos factores a la hora de elaborar un diagnóstico y proponer tratamientos. El sangrado de encías no es normal. Tampoco lo es que haya una diferencia en la coloración de algunos dientes o que haya dolor, por leve que sea.

Si es el caso, es conveniente que acudas a nuestra consulta para evaluar su alcance. La detección precoz es el mejor tratamiento. Y luego, está la visita a Urgencias dentales.

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